



Después de la cosecha comienza el proceso de transformación, una etapa fundamental para obtener una pulpa de calidad.
Primero, los frutos son seleccionados cuidadosamente para retirar hojas, tallos, residuos y aquellos que no se encuentran en buenas condiciones. Luego pasan por un proceso de lavado e higienización que permite eliminar las impurezas presentes en su superficie.
Posteriormente, el açaí se somete a un tratamiento con agua caliente que contribuye a reducir microorganismos y prepara el fruto para las siguientes etapas. Después viene el proceso de ablandamiento, necesario porque gran parte del fruto del açaí corresponde a su semilla y la pulpa forma una capa alrededor de ella.
Una vez que el fruto alcanza la textura adecuada, pasa a la máquina despulpadora, donde mediante un proceso mecánico se separa la pulpa de la semilla.
El resultado es una pulpa de açaí lista para continuar su recorrido y convertirse en la base de nuestros helados y bowls.
Del fruto recién cosechado a una pulpa lista para transformar: cada etapa cuenta para conservar la calidad, el sabor y la esencia del açaí.







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